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Entrevista
al Presidente Ejecutivo

¿La agenda de la sostenibilidad es menos prioritaria hoy?

La sostenibilidad es un objetivo irrenunciable. Es cierto que hay una enorme presión para resolver las cuestiones acuciantes y que esto puede detraer la atención de la agenda de la sostenibilidad. No obstante, está por ver que nuestro planeta tenga suficientes materias primas y recursos naturales para abastecer las nuevas clases medias, y suficiente capacidad de asimilación de los impactos ambientales asociados. Nuestra capacidad para hacer viable a largo plazo el bienestar y las demandas de desarrollo de la humanidad depende de que gestionemos de un modo sostenible los recursos, particularmente el agua, la energía y el territorio. Salir de la crisis con más de lo mismo sería una victoria pírrica; estaríamos más lejos de resolver problemas de mayor magnitud. Hay que aprovechar la situación y proponer cambios importantes en el paradigma de crecimiento, con un foco muy claro en la frugalidad en el uso de los recursos.

Hay que apostar por conceptos como el de la innovación frugal, que busca mantener y extender los niveles de bienestar con el menor uso posible de recursos naturales

¿Es la demanda creciente de energía el problema?

El modelo de desarrollo de los países industrializados se ha basado en el acceso a los recursos naturales a costes muy eficientes. El crecimiento demográfico y los cambios en los patrones de consumo que supone el proceso imparable de concentración urbana de las poblaciones nos están abocando al umbral de un nuevo modelo energético global, que necesariamente debe ser más eficiente. Sus principales variables son la demanda creciente, la necesidad del acceso universal a la energía y la compatibilidad con la estabilidad climática del planeta. Teniendo presentes esas variables, es imprescindible disminuir las necesidades de energía del crecimiento económico, reduciendo la intensidad y aumentando la eficiencia energética, y descarbonizar el uso de fuentes de energía primaria utilizando recursos energéticos con menor contenido en carbono.

¿Qué consecuencias tiene la inacción?

Si no cambiamos los patrones de producción y consumo, habrá consecuencias económicas, sociales y medioambientales. Un aumento de un 10% de precio en el barril de crudo supone un 0,25% menos de crecimiento económico global. Pues bien, el petróleo ha incrementado su precio un 400% desde el año 2000, en sintonía con otras materias primas, y no hay indicios de que la tendencia vaya a caer. Desafortunadamente esto significa que los países que más necesitan crecer son los que lo van a tener más difícil. Las consecuencias sociales son las que ejemplifica la primavera árabe, un grito de libertad, sí, pero precedido de una gran crisis alimentaria, y la persistencia de la pobreza extrema en el mundo por mucho más tiempo. La ONU descuenta que continuaremos lamentando la pérdida de un millón y medio de niños cada año por la falta de infraestructuras sanitarias y de agua potable. Esta es una situación real que convive con nuestro modelo de desarrollo basado en el uso intensivo de recursos. En cuanto al medio ambiente, el estrés de la demanda podrá poner en serio riesgo los planes para embridar el cambio climático, lo que puede tener consecuencias difíciles de predecir.

Los cambios realmente transformadores vendrán de gente creativa, sin miedo a arriesgar, gente que comprenda el valor de la diversidad, de la multiculturalidad, de la flexibilidad

¿Hay por delante cambios inesperados?

Por supuesto. El cambio en sí es el nuevo escenario. Para adaptarnos, primero hay que admitir que el modo habitual de hacer las cosas ya no nos sirve. Tenemos que transformarnos para hacerlas de otro modo. En la innovación está la clave para resolver la encrucijada de la huella ambiental del desarrollo. Hay que apostar por conceptos como el de la innovación frugal, que busca mantener y extender los niveles de bienestar con el menor uso posible de recursos naturales. Los cambios realmente transformadores vendrán de gente creativa, sin miedo a arriesgar, gente que comprenda el valor de la diversidad, de la multiculturalidad, de la flexibilidad. Las empresas debemos ser diligentes en buscar y cultivar este talento. Debemos también basar el progreso en la cooperación tanto como en la competencia, y merecer la confianza social perdida abriéndonos al escrutinio público, apostando por la transparencia e involucrándonos en el respeto de los derechos humanos y en la lucha contra la corrupción.

En cuanto al desempeño de Repsol en sostenibilidad en 2011, ¿qué destacaría?

Actualmente somos la empresa de petróleo y gas más sostenible del mundo, de acuerdo con el índice de sostenibilidad de Dow Jones y, sin caer en la autocomplacencia, este Informe Anual está repleto de datos que apuntan a la consolidación de la tendencia positiva en nuestra contribución al desarrollo sostenible. Hemos creado comités nacionales de Responsabilidad Corporativa en España, Bolivia, Ecuador y Perú, que se van a ocupar de coordinar e impulsar todos los aspectos que tienen que ver con el desarrollo sostenible en estos cuatro países. En cuanto a seguridad, seguimos mejorando notablemente, con un índice de frecuencia de accidentes con baja integrado 20% inferior al del año anterior. En 2011 hemos instaurado la evaluación de impactos para todos los proyectos, lo que responde a nuestra filosofía de operar con enfoque preventivo sobre los impactos potenciales de nuestras actividades. Por otra parte, en una época en la que valoramos tanto un puesto de trabajo, el número de personas que trabajan en Repsol ha aumentado, y el porcentaje de mujeres sigue mejorando, también en el segmento de directivos. Por último, es de agradecer que, en 2011, el índice de satisfacción de nuestros clientes haya mejorado en todos los países y en todos los negocios.