Evolución previsible

Evolución previsible
del entorno





 

Los analistas prevén un repunte del precio medio del crudo Brent
de 10 $/barril para 2017 y 2018,
hasta 57 y 65 $/barril, respectivamente.





 

Según la Agencia Internacional de la Energía, el gas natural alcanzará una participación del 24% en el mix energético en 2040.

Perspectivas del sector energético a corto plazo

A corto plazo, de acuerdo con la Agencia Internacional de la Energía (AIE), el balance oferta-demanda de petróleo estaría determinado principalmente por el acuerdo de recorte de producción de la OPEP y algunos países no-OPEP.

Por el lado de la no-OPEP, la AIE espera una ligera recuperación de su producción de petróleo para 2017 de 360 mil barriles diarios, los cuales se concentrarían casi en su totalidad en EE.UU., Brasil, Kazajstán y Canadá. Por el lado de la OPEP, el mercado estará muy pendiente del grado de cumplimiento de los compromisos de recorte de producción, lo que tendrá un efecto directo en las cotizaciones del precio del crudo.

Por su parte, el aumento de la demanda seguiría impulsado por los países no-OCDE, situándose el crecimiento esperado para 2017 en los 1,32 millones de barriles diarios; mientras que en los países OCDE la variación será casi nula.

Este escenario implica un aumento de 0,7 millones de barriles diarios en las necesidades de crudo OPEP y variaciones de inventarios para 2017, hasta los 32,93 millones de barriles diarios. En este sentido, el acuerdo alcanzado por los países exportadores de petróleo a finales de 2016 para reducir su producción, supondría un mercado en déficit para 2017, que ayudaría a reducir los altos niveles de inventarios acumulados en los dos años anteriores.

Respecto a la evolución de los precios del crudo en el corto plazo, el consenso de analistas apunta a un precio medio del crudo Brent para 2017 y 2018 que repunta en el entorno de 10 $/bbl cada año, hasta alcanzar los 57 y 65 $/bbl, respectivamente.

Respecto a la evolución de los precios del gas en Estados Unidos en el corto plazo, para 2017 se espera que continúe el ajuste del balance iniciado en 2016. En este sentido, dos cuestiones claves serán: en primer lugar, el comportamiento de la producción; y, en segundo lugar, el ritmo de consolidación de la demanda no ligada a temperatura: demanda industrial (nuevas plantas petroquímicas, de fertilizantes y de metanol, fundamentalmente) y exportaciones (tanto las internacionales de gas natural licuado ó GNL, como por tubería México). En lo que respecta a la producción, aunque podríamos ver incrementos en la producción de gas seco debido a una recuperación de la inversión, deberíamos ver incrementos más importantes por el lado de la demanda, lo que soportaría que los precios se mantuvieran en el entorno de los 3$/mmBtu.

 



Perspectivas a largo plazo de la matriz de energía primaria mundial


Created with Highstock 5.0.913.684 Mtep / 201431%31%21%21%29%29%10%10%1%1%5%5%2%2%
Petróleo
Gas Natural
Carbón
Biomasa
Otras
renovables
Nuclear
Hidroeléctrica

 


Created with Highstock 5.0.917.865 Mtep / 204027%27%24%24%23%23%11%11%6%6%7%7%3%3%
Petróleo
Gas Natural
Carbón
Biomasa
Otras
renovables
Nuclear
Hidroeléctrica

 

Perspectivas del sector energético a largo plazo

A escala mundial, los hidrocarburos aportan más de la mitad de la energía primaria consumida. En particular, el 31% del consumo energético primario global proviene del petróleo, siendo así la fuente energética más utilizada.

Durante los próximos años no se esperan grandes cambios. Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), en su escenario base del World Energy Outlook de 2016, el petróleo registrará una contracción de 5 puntos porcentuales en la matriz energética de 2040 respecto a 2014. Por su parte, el gas natural alcanzará una participación del 24% sobre una demanda energética total estimada en 17.934 millones de toneladas equivalentes de petróleo.


Perspectivas macroeconómicas

En 2016 la economía mundial mantuvo un ritmo de avance moderado, expandiéndose el 3,1%, una décima menos que durante 2015 y tres décimas por debajo de lo esperado a principios de año por el FMI. Pero el crecimiento económico mundial ha mostrado un mayor dinamismo en los últimos meses, lo que ha contribuido a que mejoren las perspectivas y se moderen los riesgos a corto plazo. Así, las últimas previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI WEO Abril 2017) estiman que el crecimiento global se acelerará desde el 3,1% registrado en 2016 hasta el 3,5% en 2017 y 3,6% en 2018. Esta mejora vendría impulsada tanto por las economías avanzadas como las emergentes.

Así, se proyecta que el crecimiento de las economías avanzadas pasará del 1,7% en 2016 al 2,0% tanto en 2017 como en 2018, con mejora de su demanda interna en un contexto en el que la fase de desapalancamiento privado está ya avanzada, y con la política fiscal pasando a ser, en general, más expansiva. En este sentido, pese a que el nivel de la deuda pública se mantiene elevada, el descenso en los tipos de interés, en parte por las políticas monetarias laxas, han dado margen para un cambio de tono fiscal.

En Estados Unidos el crecimiento se moderó hasta el 1,6% en 2016 debido a una decepcionante primera mitad del año, aunque mayoritariamente por efectos transitorios. La inversión se frenó golpeada por el ajuste del sector energético y por la debilidad de la actividad industrial. Asimismo, la acumulación de inventarios supuso un drenaje de crecimiento durante 2016. Sin embargo, la actividad se ha mostrado sólida a partir del tercer trimestre de 2016, impulsada por la fortaleza del consumo privado. Además, el nuevo gobierno planea realizar un importante estímulo fiscal. En este entorno, se espera que la actividad repunte hasta el 2,3% en 2017 y el 2,5% en 2018, lo que ha llevado a que la Reserva Federal haya avanzado con su gradual endurecimiento monetario, subiendo los tipos de interés en las reuniones del pasado diciembre y de marzo.

Por su parte, la Zona Euro continuó su senda de recuperación en 2016, con un crecimiento del 1,7%. En el primer trimestre de 2017 el crecimiento económico mantiene su dinamismo. La actividad se está viendo favorecida por los bajos niveles del precio del crudo, condiciones financieras laxas, un euro más débil que impulsa las exportaciones y el cambio hacia una orientación fiscal más expansiva. El BCE en la última reunión de 2016 decidió ampliar el programa de compra de activos hasta diciembre del 2017 reduciendo el volumen de compras hasta 60.000 millones de euros mensuales, desde abril. Los resultados electorales obtenidos en Holanda y, sobre todo, en Francia respaldan a las instituciones europeas.

La economía española creció en 2016 un 3,2%, por segundo año consecutivo, tasas muy superiores a las registradas por el conjunto de la Eurozona. Los factores que explican este crecimiento diferencial son la favorable evolución del mercado laboral y la mejora de la confianza. El crecimiento económico en España muestra una composición robusta, expandiéndose no sólo la demanda interna, sino también las exportaciones. Reflejo de la buena evolución del mercado laboral es que en 2016 se crearon 414 mil puestos de trabajo, reduciéndose en 2,3 p.p. la tasa de paro, finalizando el año en 18,6%.

En el primer trimestre de este año el crecimiento ha superado las expectativas, registrando un incremento del 3,0%, lo que ha llevado a una revisión al alza de la previsión oficial del Gobierno español para 2017, que se sitúa en el 2,7%, en línea con las últimas previsiones publicadas por el FMI. No obstante, en el panel de previsiones de consenso hay analistas que ya sitúan el crecimiento previsto para 2017 en el 3,0%.

Para los próximos tres años, el Gobierno prevé un crecimiento medio del 2,5% y que continúe creándose empleo, a un ritmo de 500 mil puestos de trabajo anuales. A pesar de que estás previsiones pueden variar, se aprecia un cambio estructural en el crecimiento de la economía española, dado que las exportaciones de bienes y servicios ganan protagonismo, alcanzando el 33% del PIB. Este hecho no sólo está permitiendo que, por primera vez, tengamos superávit de la Balanza por Cuenta Corriente con crecimientos del 3% durante tres años consecutivos, sino que también estemos reduciendo nuestro endeudamiento frente al resto del mundo en una etapa de crecimiento económico.

Mientras, las economías emergentes, tras cinco años de desaceleración, están mostrando un repunte ayudado por distintos factores: (I) la estabilización de la economía china y salida de la crisis en Brasil y Rusia; (II) cierta recuperación de los precios de materias primas y, con ello, de la inversión en el sector; (III) el retorno de entradas de los flujos de capital, que inicialmente se vio ayudado por un entorno de tipos de interés muy bajos en las economías avanzadas. Así, tras crecer un 4,1% en 2016, se espera que los países emergentes se expandan un 4,5% en 2017 y un 4,8% en 2018.

Esta mejora de la actividad global, al ser sincronizada en las diferentes áreas, parece más robusta, contribuyendo a mejorar también el comercio y las perspectivas de inflación, aunque aún en niveles reducidos. Esto tiene un efecto de retroalimentación; la recuperación de las expectativas de inflación, fenómeno en parte ligado al cambio de tendencia en los precios del crudo, permite un repunte del PIB nominal aún mayor al del PIB real, mejorando las perspectivas para las ventas y beneficios empresariales, lo que a su vez estimula la inversión.

Por tanto, a nivel general, los riesgos a la baja sobre el crecimiento global han descendido. No obstante, han tomado relevancia nuevos riesgos que podrían tener impacto más a medio plazo. Así, el Brexit y la victoria de Donald Trump en Estados Unidos ponen de manifiesto una tendencia a cuestionar los beneficios de la globalización y las políticas liberalizadoras del comercio. Detrás subyace el descontento ante los aumentos de la desigualdad y los legados aún perceptibles de la crisis financiera. Pero un aumento del proteccionismo lastraría el comercio internacional, ejerciendo presiones a la baja sobre la actividad, especialmente en algunos países emergentes más dependientes de la demanda externa. Por otro lado, el rebote de la economía en China ha venido apoyado en un mayor gasto en infraestructura y elevado crecimiento del crédito, lo que puede acabar acrecentando los riesgos financieros en el país.